Latinoamérica: 60 millones de adultos mayores en indigencia
Más de la mitad de los adultos mayores de América Latina - unas 60 millones de personas- vive en la indigencia. La principal causa es la falta de un sistema de seguridad social y jubilación adecuados. El Dr. Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, trazó un mapa de los movimientos sociales del continente que luchan para revertir la situación.
¿Cuál es la situación del adulto mayor en el continente latinoamericano?
La situación del Adulto Mayor en Iberoamérica si bien no es uniforme, se encuentra atravesada por un “sino” común: la pobreza, la exclusión social y la enfermedad.
Como todo sector de la población excluido del mercado de consumo tiene grandes dificultades, y va creciendo significativamente en porcentaje. Esto se refleja en Paraguay, que con el último censo ha ingresado a la calidad de ‘‘sociedad envejecida’’, con más del 7% de mayores de 60 años. De todos los adultos mayores que tenemos en Latinoamérica, el 60% no tiene cobertura de la seguridad social, lo cual genera la primera lectura de pobreza. Del otro 40% tenemos casi el 25% con haberes jubilatorios o de pensión deficientes. Entre ambos hay casi el 85% sin cobertura o con necesidad básica insatisfecha. Estamos hablando de unas 60 millones de personas.
¿Cuál es el país con la situación más crítica?
Depende no solo de la cantidad de adultos mayores, sino del desarrollo que tuvo el proceso de seguridad social. Hay países que son viejos porque han llegado a su última etapa de la transición demográfica como Uruguay, Chile, Argentina y Cuba. En estos la expectativa de vida supera los 70 años. Otros están iniciando esa transición, pero como tienen una tasa de natalidad y mortalidad muy grande, la expectativa es de 55 a 56 años, como el caso de Haití.
¿Cuál es la expectativa de vida en Latinoamérica?
El proceso de longevidad se duplicó en el siglo XX. Si en 1900 la expectativa estaba entre los 30 y 35 años, hoy llegamos a 70 y 72 años. Pero hoy las pirámides están involucionando porque crecen las tasas de mortalidad infantil. Es un retroceso en la expectativa de vida. Eso hará que las previsiones para el 2025, de llegar a una expectativa de 78 y 77 años, tal vez no se cumplan.
En sociedades como las centroamericanas, la dominicana, la boliviana ó la paraguaya, que se encuentran en la primera o segunda etapa de la transición demográfica, el problema de los pocos que llegan a ser viejos no es "la vejez" sino "la pobreza". Por ello desde la Defensoría como auxilio de la RIAAM se pretende desarrollar en común con Defensorías del Pueblo, Controladurías, Comisionados en Derechos Humanos y Ong´s locales, un trabajo en dos planos definidos pero superpuestos y simultáneos: la solución del caso individual del adulto mayor que ve conculcado cualquiera de sus derechos sean éstos de primera, segunda o tercera generación, y la traslación de cada uno de esos casos, a la transformación sistémica, detectando las fallas, carencias ó nichos de corrupción del mismo.
¿Y en el plano internacional?
Cuba, por ejemplo, ha logrado plasmar un sistema para la tercera edad articulado con el movimiento social, que con el Estado como promotor y efector, tiene un desarrollo relativo muy interesante, a veces sobre valorado por la descripción que hacen del mismo nuestros hermanos cubanos.
Dos países disímiles, pero con un fuerte factor común en el desarrollo de su movimiento social son México y Ecuador. En ambos, los indígenas en búsqueda de igualdad y justicia han eclipsado otras expresiones de sectores. En el caso mexicano, todos los intentos de las nuevas ONG del sector de tercera edad están destinados a cambiar las conductas prebendarias de las organizaciones y dirigentes del sector que actuaron como brazos de la corrupción del sistema de partido único que rigió los destinos de los mexicanos.
En el caso de Brasil, el país continente, que tiene una enorme descompensación social, ha surgido un vector de desarrollo del movimiento social con su correlato político. La importante experiencia de democracia participativa que se vino desarrollando en Porto Alegre y Río Grande do Sul, que más allá de la expresión política circunstancial, permite el desarrollo del movimiento de Adultos Mayores en forma no guetificada, es decir, le permite articularla con la totalidad de actores sociales.
¿Que pasó en Argentina?
Tenía bastante desarrollado su sistema de seguridad, pero con las privatizaciones -igual que Chile- se han desquiciado los sistemas. Se perdió ese recurso y se ha comprometido el futuro de quienes debían llegar a la jubilación. Las políticas de ajuste de las economías se dieron sobre la masa de la seguridad social. Fueron 20 mil millones de dólares que, al ser transferirlos en el ’94 al sector privado, hoy producen un déficit fiscal en ese orden, sumado a los 30.000 desaparecidos, una riqueza tan extrema como su pobreza, 160.000 millones de deuda externa, y un movimiento social afiatado y probado en la lucha por el más elemental de los derechos, el derecho a la vida.
¿Qué futuro espera a nuestros adultos mayores?
Hay que instalar un sistema de seguridad social en todos nuestros países que vayan generando en términos de la edad temprana la posibilidad de empleos en blanco, es decir, con los aportes necesarios. Que los gobiernos no se apropien de esos recursos y que sean bien invertidos para poder mantener un régimen de futuro. Ese es el gran desafío. Al caer la seguridad social, no solo cae el beneficio jubilatorio de pensión, sino que desaparece lo que es el sistema de salud porque están muy ligados en el adulto mayor.
Fuente:Gacetilla de difusión de la Red Argentina de Asociaciones de Adultos Mayores
Red Iberoamericana de Asociaciones de Adultos Mayores – RIAAM -

